
Nadie necesita un motivo para ponerse un anillo. En Ornamento hacemos amuletos para llevar todos los días, hasta que dejan de sentirse como joyas y empiezan a sentirse parte de vos. Cada pieza la modelamos a mano en cera y la fundimos en plata 925. No trabajamos con moldes en serie ni mandamos nada a producir afuera: el pulido y el acabado final también los hacemos a mano, uno por uno, en nuestro taller. Y antes de eso, cada piedra la elegimos mirándola de cerca, comparándola con otras, hasta encontrar la que tiene el color y el peso justo para esa pieza.
El ornamento no está en la pieza. Está en el encuentro entre la pieza y el cuerpo.

Estos anillos no esperan una ocasión. Se usan todos los días, se combinan entre sí, se apilan, y terminan de acompañar tu identidad como una capa más de quien sos. Piezas maximalistas, pensadas para acompañar, no para guardar. Llegamos a la joyería desde otros oficios: la fotografía, donde aprendimos a mirar color y composición, y la maestría mayor de obras, donde aprendimos a pensar en estructura y volumen. El metal siempre estuvo ahí, en algún punto entre las dos cosas. Ornamento es donde todo eso se juntó.
Cada anillo empieza siendo un molde de cera. Ahí probamos la piedra antes de fundir nada en plata, para asegurarnos de que el tamaño, el color y el volumen queden exactos.
